Crónicas irlandesas

11 de marzo de 2004

Partimos de New Haven hacia el aeropuerto JFK en NY. Cruzamos el Whitestone Bridge entre el Bronx y Queens justo antes de la puesta del sol detrás de Manhattan. Si ven esta foto con lupa podrán encontrar el Empire State; es el edificio más alto, cerca del centro de la foto. En tiempos más civilizados se verían las torres gemelas cerca del extremo izquierdo de la ciudad.

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Llegamos al aeropuerto sin mayores contratiempos de lo normal: es decir, solamente hubo un accidente y dos embotellamientos en el camino. Tiempo total: dos horas y media. Registramos nuestro equipaje con auténticos irlandeses de Aer Lingus, quienes no nos dejaron subir una maleta de nueve kilos por ser muy pesada (?), comimos pizza, compramos euros, etc. Llegamos al avión casi en el último minuto.

12 de marzo

Después de poco más de seis horas de vuelo, llegamos a Irlanda, al aeropuerto internacional de Shannon, en el oeste de la isla. Tomamos un par de fotos desde el avión. En la primera se puede ver una muestra de cómo Irlanda es principalmente pasto cuadriculado por barditas de piedra (los cuadritos frecuentemente están ocupados por ovejas comiéndose el pasto). En la segunda aparece el primer "roundabout" (glorieta) que vimos. Como se verá más adelante, los roundabouts juegan un papel muy importante en esta historia. La carretera que se ve en la foto es poco representativa porque tiene más de un carril en cada dirección.

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Pasamos por el proceso migratorio más simple que hemos conocido, que consistió en dar nuestro pasaporte para que lo sellaran (no se necesita visa) y salir por el "carril verde" de los que no quieren declarar nada ante la aduana (ni siquiera hay que llenar un papelito). Tomamos el camioncito feliz de Hertz para que nos llevara a donde tienen la oficina y los coches. Nos dieron un Peugeot 206 nuevo con 4 millas recorridas. Esta es la foto de la última vez que lo vimos limpio. El lector perspicaz notará que las leyendas no mienten: el volante está del lado derecho.

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Iván fue el primero que osó manejar. Salimos del estacionamiento de Hertz cerca de las ocho y media de la mañana y dimos vuelta a la izquierda. Tomamos el carril izquierdo, siguiendo las advertencias impresas en varias partes del auto.

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Empezamos a salirnos del camino porque el conductor estaba usando inconscientemente el margen izquierdo del carril como punto de referencia, en vez de usar margen derecho. Una vez enmendado este problema, llegamos al nuestro primer roundabout. La foto muestra un ejemplo del diagrama que uno tiene que descifrar antes de llegar a un roundabout. Una vez en el roundabout, puede haber o no haber más señalamientos, los cuales pueden ayudar o confundir, dado que no suelen estar donde uno esperaría y no apuntan a donde uno cree (después de siete días empezamos a acostumbrarnos). Los roundabouts son muy usados en toda Irlanda; frecuentemente se utilizan donde uno esperaría un semáforo o un trébol.

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Una vez en la carretera, nos encontramos con el siguiente señalamiento misterioso: carteles verdes con tres, dos, o una raya blanca. Después de verlos varias veces concluimos que son una medida cualitativa de la distancia que falta para la siguiente salida.

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Por ahí nos encontramos con nuestro primer destino turístico a la orilla de la carretera: el Bunratty, un castillo del siglo XV. Le dimos la vuelta por fuera pero nos encontramos con que todavía no abría porque era demasiado temprano. Normalemente nunca tenemos ese problema porque no despertamos tan temprano...

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Seguimos nuestro camino por la carretera en búsqueda de algún lugar para quedarnos esa noche. Después de dar varias vueltas en círculo y tener nuestras primeras aventuras con los caminos irlandeses de un solo carril de doble sentido (si viene otro coche de frente, hay que encontrar un lugar donde uno pueda salirse un poco al pasto para que el otro pueda pasar), nos topamos con el Highbury House Bed & Breakfast, de la señora Rosemary Ormston. La señora tiene una casa enorme porque tiene nueve hijos, que ya se fueron de la casa, así que la usa de B&B y de guardería. Lleva 38 años casada y cuando se enteró de que era nuestra primera noche de luna de miel en Irlanda nos regaló una botella de Baileys. Este fue sin duda el mejor B&B en que nos quedamos en todo el viaje. La casa y la habitación son encantadoras. Tenemos una foto del cuarto.

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Regresamos al castillo de Bunratty (a dos millas de Highbury House) una vez abierto. Desayunamos por ahí y recorrimos el castillo y el pueblito recreado del siglo XIX. Entre otras cosas había casas con techo de paja, gallinas, y antigüedades como máquinas de coser y lavadoras.

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Fuimos de regreso a Highbury House, donde dormimos una siestecita de cinco horas. Cuando despertamos ya era tiempo de ir de nuevo al castillo para asistir a un banquete medieval. La foto muestra el salón de banquetes de día, cuando todavía estaba vacío.

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En el banquete no había cubiertos (mas que un cuchillo), así que había que comer con las manos. No hubo mucho problema; hubo sopa (que uno se toma del plato) y costillas y pollo y papas, que no son difíciles de comer con las manos. Malo si hubieran servido puré. De postre había un pastelito que según la tradición, los amantes deben darse el uno al otro en la boca (para esto sí había cucharas). Así lo hicimos, y hubo mucho regocijo. Durante la cena había músicos con ropas medievales; las meseras/cantantes también estaban disfrazadas al igual que el "Lord" que era el maestro de ceremonias.

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Por ahí a Fabiola se le escapó la información confidencial de que estábamos de luna de miel, y el chisme le llegó al Lord, quien nos pasó al frente y todos nos aplaudieron... Después todos nos felicitaron, principalmente las parejas de gente mayor que componían la mayor parte de los asistentes.

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13 de marzo

Despertamos en el Bed & Breakfast y nos bañamos en una extraña regadera eléctrica, que posteriormente descubrimos es común en los B&B irlandeses. Uno tiene que prender un switch antes de bañarse y con eso aumenta la presión y temperatura del agua. También encontramos que casi todos los B&B y hoteles tienen teteras eléctricas en los cuartos, porque el té es una parte muy importante de la cultura.

Tuvimos nuestro primer desayuno irlandés, que consiste en un huevo frito, dos tiras de tocino, dos salchichitas, medio tomate parcialmente cocido, y generalmente unos extraños embutidos llamados "white pudding" y "black pudding". El desayuno siempre incluye cereal con leche, jugo de naranja y/o fruta, pan tostado con mantequilla o mermelada, y café o té. Ya nos acostumbramos a desayunar con té irlandés, así que lo primero que hicimos al regresar a New Haven fue comprar una caja de Irish Breakfast Tea para los desayunos.

Salimos hacia el noroeste para explorar los paisajes y ruinas de County Clare. Primero fuimos a los Cliffs of Moher, que son unos precipicios muy famosos en la costa. Ese fue uno de los pocos lugares donde encontramos una cantidad significativa de turistas, ya que todos los tours en autobús hacen una parada ahí.

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Este día Fabiola manejó, como puede verse en la foto. Por ahí vimos un castillito a la orilla de la carretera y nos acercamos a asomarnos. No viene ni en el mapa ni en la guía y es propiedad privada, pero luego lo encontramos mencionado en un folleto.

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Comimos en un pueblito llamado Doolin, en el Gus O'Connor's Pub. (Doolin le sirvió de inspiración a Loreena McKennitt para su canción "The Old Ways".) Después nos dirigimos tierra adentro hacia la región del Burren. Esta es una región rocosa que ha sido descrita como un "paisaje lunar".

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No había nadie en los alrededores. Ocasionalemente veíamos ruinas a la orilla de la carretera y parábamos a visitarlas. Encontramos un dolmen, una iglesia sin techo, un pequeño castillo, y un "ring fort" (fortaleza circular de piedra). Las iglesias sin techo son muy comunes en Irlanda; aparentemente tenían techo de madera pero se quemó o deshizo en algún momento de la historia.

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Llegamos al pueblo de Ennis, donde cenamos en el Cruise's Restaurant (nada que ver con Tom Cruise). Nos quedamos en Glencar House, con Peter y Liz Houlihan.

14 de marzo

A la mañana siguiente partimos hacia Limerick (nota cultural: en inglés "limerick" es un tipo de verso, "a light or humorous verse form of 5 chiefly anapestic verses of which lines 1, 2, and 5 are of 3 feet and lines 3 and 4 are of 2 feet with a rhyme scheme of aabba", además de ser el nombre de una ciudad en Irlanda. Nota cultural #2: la película "Angela's Ashes" transcurre principalmente en Limerick). Llegamos temprano a Limerick y era domingo, así que no había muchos lugares abiertos. Visitamos la catedral de Santa María, que sí estaba abierta, tocando las campanas y con el coro cantando.

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De ahí llegamos al castillo del Rey Juan, quien resulta ser el mismo "Príncipe Juan" que aparece en las historias de Robin Hood. Por ahí me tomé una foto con el Rey, y Fabiola aprendió como hacer monedas "a mano" (con un martillazo).

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En los alrededores del castillo encontramos algunas cosas raras, como casas con la fachada pintada y postes que parecen cabezas aunque existe la teoría de que pueden ser nidos para las aves.

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Después visitamos la galería de arte y el parque en el centro de Limerick, donde Fabiola empezó a encontrarse con que los narcisos (daffodils) son una de las flores más abundantes en Irlanda. Para completar nuestra experiencia cultural, antes de salir de la ciudad visitamos un supermercado. Nada extraordinario adentro, pero nos pareció curioso que a los carritos le llaman "trolleys". Todos los supermercados a los que fuimos usan el sistema de préstamo de carrito bajo depósito (una moneda de un euro) para obligar al usuario a dejar el carrito en su lugar. Otra cosa curiosa que notamos en un super fue que ¡las bolsas se venden por separado (a 0.15 euro)! Si así fuera acá no tendríamos el problema que tenemos de exceso de bolsas de super acumulándose por más que nos esforzamos en reutilizarlas...

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Por la tarde nos dirigimos hacia el pueblo de Adare, que según algunas guías turísticas es "el pueblo más bonito de Irlanda". No estamos seguros de que eso sea cierto, pero es bonito y tiene muchas casitas con techo de paja (¡no tomamos fotos!). En Adare está el famoso Adare Manor, una gran mansión convertida en hotel de lujo. Nos tomamos unas fotos ahí y en el parque vecino.

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Seguimos nuestro camino hacia el suroeste hasta que decidimos que ya sería hora de quedarnos a dormir. Eso fue en Castleisland, en el B&B "The Gables". Ya eran casi las nueve de la noche y no habíamos cenado, así que le preguntamos a la señora del B&B acerca de opciones para cenar y nos indicó que a esa hora la única opción era el restaurant de comida china. Esto es interesante porque a pesar de que uno casi no ve chinos en las calles de Irlanda (la gran mayoría de los irlandeses son de "raza irlandesa"), todo pueblo parece tener suficientes chinos para mantener un restaurant. Al igual que en New Haven, los chinos trabajan hasta tarde, así que son el único lugar donde se puede comer en la noche cuando todo lo demás está cerrado (especialmente en los pueblos pequeños).

15 de marzo

Continuamos nuestro camino hacia el suroeste. Nuestra primera parada fue en Killorglin, un pueblo con una tradición poco común. Durante la fiesta del pueblo, del 10 al 12 de agosto, agarran una cabra de montaña y la coronan como "King Puck". Llevan siglos haciendo eso pero ya nadie recuerda por qué.

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A lo largo del día recorrimos el famoso "Ring of Kerry", un camino que, como el nombre sugiere, es cíclico, y es considerado altamente fotogénico. Hubo muchos paisajes interesantes, pero curiosamente tenemos pocas fotos. En parte el problema fue que Fabiola se durmió la mayor parte del camino mientras Iván manejaba, así que era difícil tomar fotos. El camino era interesante y variado, con subidas y bajadas y muchas curvas. La parte más interesante fue Valentia Island, una pequeña isla junto a la costa de Irlanda. Casi todos los caminos de la isla son de un solo carril de doble sentido; estuvimos ahí un par de horas y solo nos cruzamos con un par de vehículos, un par de peatones, y un perro. Dado lo poco frecuente que es encontrarse a alguien en esos caminos, la gente siempre saluda. Había muchísima niebla, con lo que parecía como si uno estuvera manejando entre las nubes. Me dan ganas de ir a vivir ahí para alejarme de la civilización. (Trivia: el primer cable transatlántico fue tendido entre Valentia Island y Heart's Content, Newfoundland en julio de 1865. El primer mensaje, enviado por la Reina Victoria y dirigido al presidente de Estados Unidos, decía: "Glory to God in the highest, on earth peace, good will to men".)

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Una vez dada la vuelta Kerry, nos dirigimos hacia el este. Para entonces Fabiola estaba manejando. La carretera era un poco más recta y se podía ir con mayor velocidad. Fabiola no desaprovechó la oportunidad de manejar a más de 80 mph, pero para nuestra mala suerte el límite era de 60 y un Garda nos detuvo. La multa de 80 euro había que pagarla en el siguiente pueblo, Macroom (y solamente ahí). Cuando llegamos a Macroom a un Bed and Breakfast, las dueña (quien permanecerá en el anonimato) nos recomendó fuertemente no pagar, diciendo que ella nunca paga las multas de otros condados. Al parecer no hay mucha comunicación entre las diferentes oficinas.

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16 de marzo

Continuamos nuestro viaje hacie el este, con la intención de llegar a Dublín esa noche. Nuestro itinerario no estaba escrito en piedra, excepto por las noches de hotel ya reservadas en Dublín, así que más nos valía llegar. Primero nos dirigimos hacia Cork, que queda de camino. Cork es una de las ciudades más grandes de Irlanda, con 180,000 habitantes. Unos amigos que fueron a Irlanda nos dijeron que no les gustó mucho Cork, y ya estábamos atrasandonos en nuestro itinerario, así que solamente atravesamos Cork sin hacer escala. Al igual que la mayoría de las carreteras irlandesas, la que atraviesa por Cork pasa literalmente por el centro de la ciudad y hay que parar en varios semáforos, así que tomó un buen rato salir de Cork. Documentamos esta hazaña tomando una foto desde la ventana del coche.

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Nuestra siguiente parada fue en Youghal, una ciudad costera con un famoso reloj. El nombre se pronuncia algo así como 'ioul'. Nos dimos una vuelta por la playa, que consistía en una gran colección de rocas filosas. En el camino de salida pasamos por debajo del reloj del pueblo.

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Seguimos por la ruta costera rumbo a Waterford. Esta es una ciudad famosa por su cristal cortado. Como buenos nerds, aprovechamos para hacer un tour industrial y visitamos la fábrica de cristal. En la fábrica, como uno esperaría, hay una tienda. Las copas y demás artefactos de vidrio de Waterford son impresionantemente caros, así que había que tener mucho cuidado... (una copa podía costar cerca de €30). Dado que no nos llena de emoción la idea de tener copas caras, optamos por comprar un portrarretratos de cristal como souvenir. Ahí mismo le grababan lo que uno quisiera, así que le hicimos grabar la fecha de nuestra boda (adivinen qué foto pusimos ahí después).

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Comimos en Waterford, en un restaurant llamado The Brasserie. La comida estaba buena, sin pretender ser nada espectacular, ni autóctono ni extranjero. También paseamos por un mercado francés al aire libre, donde compramos unos pastelitos. Nunca supimos a ciencia cierta por qué estaba ese mercado, si había alguna amistad especial entre Waterford y Francia o si había algún festival en especial.

Continuamos el camino hacia Dublín, a donde llegamos finalmente por la noche. El último obstaculo pendiente era encontrar el hotel, si es que realmente existía (hicimos la reservación por internet, y era tierra desconocida para nosotros...) Teníamos un mapa y sabíamos dónde estaba el hotel en el mapa, pero nos enfrentamos con el mismo problema que en la mayor parte de Irlanda: la mayor parte de las calles no tienen letreros. Sospechamos que esta puede haber sido la inspiración para la canción de U2 "where the streets have no name". Así que después de pasar una docena de calles que no pudimos ubicar en el mapa por falta de nombre, cruzamos un canal, lo cual nos hizo concluir inmediatamente que ya nos habíamos pasado. Por suerte el hotel estaba cerca del canal así que no fue tan difícil de ubicar una vez que logramos dar la vuelta. Nos quedamos en el Mespil Hotel, que queda en Mespil St. En el hotel había una gran cantidad de adolescentes de secundaria corriendo por todos lados; suponemos que era un viaje de la escuela...

17 de marzo

Finalmente llegó el día más esperado del año en Irlanda: el día de San Patricio. Nos despertamos medio tarde dado que por primera vez no teníamos que llegar a ningún otro lugar, y salimos a cazar el desayuno. No fue sorprendente encontrar que casi todo estaba cerrado, así que tuvimos que desayunar en Burger King, ya que aparentemente a la empresa no le importan tanto las tradiciones.

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Nos dirigimos hacia una de las calles principales, por donde iba a pasar el desfile. Llegamos más de media hora temprano, con la intención de agarrar buen lugar, pero ya era demasiado tarde. Iván no tuvo tanto problema para ver a pesar de estar en la tercera fila, pero Fabiola tuvo que hacer un poco de acrobacias y pararse en un poste para ver. El desfile duró como una hora, durante la cual pasaron diversos carros alegóricos, personajes famosos (en particular Shreck), y bandas de escuelas y asociaciones diversas. Algo curioso fue que muchas de las bandas eran de escuelas preparatorias de Estados Unidos; al parecer muchas escuelas tienen bandas irlandesas.

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Después del desfile caminamos por el centro de Dublín y alrededores. Visitamos un centro comercial, donde visitamos una tienda que en el primer piso vende ropa y en el sótano es como supermercado. Ahí encontramos que vendían helado Ben and Jerry's, una marca de helado de Vermont que es nuestra favorita. Nunca sospechamos que la vendieran tan lejos. Lo curioso del asunto es que tenían nuestro sabor favorito, helado de miel, el cual ya descontinuaron en Estados Unidos para nuestro gran enojo. Quizá lo que tenían fue parte del último lote, que se tardó un rato en cruzar el charco.

Compramos unos sandwiches y nos dirigimos a St Steffen's Green, un parque en el centro de Dublín. En la entrada unos policías nos preguntaros si llevábamos bebidas alcohólicas, a lo cual respondimos negativamente. Una vez en dentro del parque notamos que todo mundo (principalmente jóvenes) llevaba bebidas alcohólicas. Suponemos que los policías querían asegurarse de que no faltara cerveza, pero se compadecieron de nosotros y nos dejaron pasar a pesar de que no llevábamos.

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Seguimos caminando y llegamos al otro lado del río Liffey, el río principal que atraviesa Dublín. En el camino Fabiola compró un sombrero irlandés elegante apropiado para la ocasión. Estábamos buscando el lugar donde salía una ruta de autobuses turísticos que le dan la vuelta a la ciudad, cuando nos encontramos con "The Spire" ("El Pico"), un extraño monumento en el norte de la ciudad. Es un pico de metal muy, muy alto, pero nadie sabe para qué sirve.

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En el camino de regreso nos metimos a cenar a un restarurant italiano llamado Pacino's. La cena estuvo muy buena y el lugar muy tranquilo. Llegamos de nuevo al hotel Mespil, el cual seguía lleno de adolescentes corriendo por todos lados...

18 de marzo

La misión del día era recorrer la mayor cantidad posible de sitios turísticos de Dublín. Empezamos por caminar otra vez al Green, porque por ahí pasa la ruta de autobuses turísticos que dan vueltas en círculo y un boleto dura para todo el día. Nuestro primer destino fue el museo de la cerveza Guinness, que está ubicado en el sitio de la fábrica original. Al parecer mudaron la fábrica a un lugar más grande a un par de cuadras, pero no está abierta a los turistas. Conocimos muchos barriles y tanques gigantes que usaban en el proceso de preparación de la cerveza, y al final subimos al bar del último piso, donde te regalan una cerveza con tu boleto del museo (como a Iván no le gusta la cerveza, tuvo que sustituirla por refresco de naranaja). Este bar tiene una buena vista de la ciudad, porque está en uno de los edificios más altos (¿como de diez pisos?). Antes de irnos dejamos una tarjeta en una pared que tienen con ese fin. A ver si pueden encontrarla en la foto.

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Nos subimos de nuevo al autobús y nos dirigimos al Trinity College, una universidad. Solo tenemos una foto, pero entramos a una exposición que tenían sobre libros medievales muy, muy viejos (donde no dejaban tomar fotos) y visitamos una biblioteca muy vieja y muy bonita. Después nos sentamos en la plaza de la universidad a escribir postales.

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Fuimos después a la famosa catedral de San Patricio. Las paredes interiores están cubiertas de placas en memoria de alguien. Sospechamos que esa costumbre se deriva de que como siempre está lloviendo es mejor ir a recordar a los seres queridos al interior de la catedral que en un cementerio al aire libre. Por ahí visitamos la tumba de Jonathan Swift.

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Dimos más vueltas, nos asomamos al City Hall, y cenamos en un bar por ahí. Regresamos al hotel a recuperar el coche y emprendimos el camino hacia el norte. Nos quedamos en el Heritage Bed & Breakfast en Dundalk, cerca de la frontera con Irlanda del Norte.

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19 de marzo

Por la mañana, después del desayuno irlandés reglamentario, continuamos el camino hacia el norte. Teníamos la intención de cargar gasolina antes de cruzar la frontera porque en el norte es más cara, pero al parecer cruzamos la frontera sin darnos cuenta. ¡Ojalá todas las fronteras fueran así! Ni siquiera vimos un cartel de bienvenida. En fin, cargamos gasolina del lado equivocado de la frontera, y tuvimos que comprar libras esterlinas porque ahí se usa la moneda del Reino Unido.

Llegamos a Belfast. En realidad no teníamos planeado visitar Belfast, pero quedaba de camino así que paramos un ratito. Visitamos el City Hall, comimos unos sandwiches, observamos los extraños taxis moteados, caminamos un rato y continuamos el camino hacia la costa norte.

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Pasamos por una región donde los nombres de todos los pueblos empezaban con "Balli" para nuestra gran confusión (Ballintoy, Ballicastle, etc.). Estábamos buscando un legendario puente colgante llamado "Carrick-a-rede". Es un puente que tradicionalmente ponían los pescadores para llegar a una islita rocosa y ponerse a pescar (?), pero se volvió atracción turistica entre quienes gustan de las emociones fuertes ya que el puente cruza a una gran altura sobre el nivel del mar (rocoso, por supuesto), y constantemente hay vientos huracanados. En las fotos puede verse el efecto que tiene el viento sobre los peinados y las caras de las víctimas. ¡Nunca habíamos visto tanto viento! (Y no sería la última vez que diríamos eso... ñaca, ñaca)

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Después de cruzar el puente nos dieron diplomas de reconocimiento y nos nombraron miembros honorarios de la sociedad de protección del puente Carrick-a-rede.

Una vez sobrevivido el puente, nos dirigimos a Dunluce castle. Es un castillo en ruinas, ubicado en un lugar de película: un acantilado en la costa rocosa de Irlanda del Norte. Lamentablemente el terreno no era tan estable como los ingenieros medievales esperaban, porque en una ocasión se cayó un pedazo de castillo al mar con todo y los sirvientes que ahí trabajaban (el Lord probablemente estaba de viaje de negocios). La mayor parte del castillo ahí sigue, así que aprovechamos para visitarlo. Nota cultural: en la tercera foto se ve un "embudo" llegando a la entrada del castillo. La función del embudo es causar embotellamientos en el ejército invasor. Es más efectivo cuando los defensores llenan el embudo de vacas.

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Después nos dirigimos al Giant's Causeway ("El Camino del Gigante"). Es un sitio de prismas basálticos en la costa, que fue construidohace mucho, mucho tiempo por el gigante Finn McCool para cruzar a Escocia a visitar a su novia. El camino intermedio se ha perdido, pero quedan los extremos en Irlanda y Escocia. Es un parque muy interesante, donde caminamos mucho (aunque también nos sentamos en los prismas a reposar).

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Una vez concluidas nuestras aventuras en el Reino Unido, nos dirigimos de nuevo hacia el sur, pero ahora por el oeste de la isla. En la noche llegamos a Donegal, donde nos quedamos en el Island View Bed & Breakfast.

20 de marzo

En la mañana fuimos al castillo de Donegal, un castillo del siglo XV con una larga historia de remodelaciones. Llegamos tan temprano (a las 10 AM) que fuimos los primeros visitantes del día...

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Después de visitar el castillo, emprendimos el camino hacia Sligo, la siguiente ciudad en nuestra ruta alrededor de la isla. A medio camino Iván notó que había una pequeña península con forma interesante en el mapa, así que decidimos visitarla a pesar de que no venía en ninguna guía y no teníamos idea de que habría ahí. El nombre del lugar es Mullaghmore Head. Ahí nos encontramos ahora sí con los vientos más fuertes que hemos conocido. Fabiola prefirió quedarse en el coche mientras Iván salía a saltar como loco para determinar la distancia que el viento lo empujaría al brincar verticalmente (no fueron más de dos metros). Seguimos el camino y nos bajamos en una playa arenosa, pero no había nadie mas que el viento.

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Después de esta desviación no planeada, llegamos a Drumcliff, un pueblito cerca de Sligo. Paramos unos minutos y vimos una torre redonda milenaria (aunque no muy fotogénica porque solo queda la base) que hasta aparece en el mapa de carreteras y una cruz muy famosa (también milenaria) en el cementerio local.

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Nos desviamos un poco del camino hacia Sligo para pasar por una cascada cerca de Lough Gill (Lago Gill). Los libros dicen que este era uno de los lugares favoritos de la infancia de Willam Butler Yeats.

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Regresamos hacia Sligo, ciudad famosa por ser el hogar de WB Yeats, pero no pasamos mucho tiempo ahí, porque queríamos visitar el cementerio megalítico de Carrowmore. El camino fue difícil porque el mapa era ambiguo y los caminos no tienen nombre. Después de perdernos un rato y empezar a sospechar que el lugar solamente existía en el mapa, Fabiola valientemente se bajó a preguntar en una tienda. Diez minutos después habíamos llegado. Era un día soleado. Estacionamos en un lugar no exactamente permitido, a cien metros de la entrada del cementerio. Un par de minutos después, cuando estábamos cerca de la puerta, empezó a llover y granizar. Con los vientos huracanados de ese día, ¡la lluvia caía casi horizontal, por lo que una barda de un metro de altura y con la orientación correcta resultó suficiente para casi no mojarnos! Dos minutos después, había dejado de llover y el día estaba soleado de nuevo. Ese fue el mejor ejemplo de clima irlandés que disfrutamos durante nuestro viaje.

El museo megalítico estaba "cerrado", en modo de autoservicio (o al menos eso hacía la poca gente que había por ahí). Es un lugar al aire libre, con una casa-museo que sí estaba cerrada, pero la barda exterior tenía una puerta para humanos abierta (diseñada para que solamente no pasen las vacas). Vimos varios dólmenes y otras formaciones de piedra que nos dejaron preguntando cómo hicieron para moverlas (sospechamos que Obélix pasó por ahí en alguna de sus aventuras no documentadas). Vimos por ahí alguna vaca que aparentemente logró burlar las defensas antivacas, pero no hubo mayor incidente.

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En el camino de regreso hacia Sligo, vimos un arcoiris doble que iba de horizonte a horizonte. En la foto no se ve muy bien el segundo arco, pero ahí está. No nos dio tiempo de encontrar la olla de oro al final (además como había cuatro finales no supimos por dónde empezar).

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El siguiente paso fue darle toda la vuelta al Lough Gill. Paramos en el Castillo de Parke, a la orilla del lago. Ya estaban a punto de cerrar cuando llegamos; cuando salimos, los dos empleados del castillo salieron con nosotros y se fueron a sus casas.

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Continuamos el camino alrededor del lago. El mapa de carreteras indicaba que cerca del pueblo de Dromahair había un monasterio franciscano abandonado (no mencionado en la guía turística), pero fuimos a visitarlo. Aunque el lugar fue ciertamente abandonado por los franciscanos hace siglos, todavía lo usan de cementerio (por dentro y por fuera). Ahí tuvimos el momento más conmovedor de todo el viaje. Literalmente no había nadie ahí mas que nosotros y una vaca, y las flores. Nos sentamos un rato entre las ruinas y reflexionamos sobre la vida y el amor.

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Después de todas estas vueltas y de visitar tantos lugares en un solo día (a pesar de ser un área relativamente pequeña), ya estaba anocheciendo y estábamos cansados. Emprendimos el camino sin escalas hasta que fuera sufiecientemente tarde para parar en un B&B. Esa noche paramos en Castlebar. AAA

21 de marzo

Después de despertar y tomar nuestro desayuno irlandés, fuimos a visitar una torre redonda en el pueblo vecino de Turlough. Esta torre todavía está entera a pesar de tener como mil años. Esas torres tienen la puerta de entrada como a la mitad (a varios metros de altura), para que los monjes que vivían adentro pudieran subir la escalera y refugiarse de los vikingos (aunque dicen que la táctica no siempre funcionó).

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El siguiente paso en el plan era dar la vuelta a la región de Connemara, una península en el oeste que tiene uno de los parques nacionales más grandes de Irlanda. El lugar más turístico es la abadía de Kylemore. Es un castillo estilo "Gothic Revival" construido en el siglo XIX por alguien con mucho, mucho dinero. Después de unos años quedó abandonado y depués de la primera guerra mundial fue habitado por monjas benedictinas, quienes lo convirtieron en una escuela para niñas. Las niñas viven ahí, en un ambiente seguro, lejos de las tentaciones de la vida urbana, ya que el lugar está en medio de la nada, a millas del pueblo más cercano...

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La abadía tiene un jardín estilo victoriano con paredes (todo un "jardín secreto"). Al parecer los jardineros tienen con qué entretenerse.

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Comimos en el restaurat de la abadía. Este fue otro de los pocos lugares donde encontramos más de tres turistas además de nosotros. En la tienda de regalos compramos un sueter de auténtica lana de oveja irlandesa para Iván.

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El resto del día seguimos el camino alrededor de Connemara hacia Cong. Estaba más lejos de lo que parecía, en parte porque las carreteras eran más estrechas de lo normal (aun comparadas con otras carreteras irlandesas).

Cong es un pueblo a la orilla de Lough Corrib (lago Corrib). En las afueras de Cong está Ashford Castle, un castillo del siglo XII que ha sido convertido en hotel. Para cerrar el viaje con broche de oro, decidimos quedarnos la última noche en ese castillo. Fue un poco difícil de encontrar, porque el domicilio es algo así como "Ashford Castle, Cong, Ireland", sin calle ni número... Pero como dicen, preguntando se llega a Roma.

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El lugar es fenomenal, con cuartos grandes y lujosos (y eso que nos quedamos en uno de los pequeños), y muy buen servicio (el precio no lo discutiremos aquí). Ashford Castle es famoso porque ahí han filmado películas, se casó Pierce Brosnan y a tenido a muchos presidentes y demás celebridades como huéspedes (por ejemplo, nosotros).

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Llegando al castillo nos preguntaron si queríamos hacer reservaciones para la cena, porque al parecer hay lugares limitados. También nos dijeron que los caballeros debían ir de traje para cenar; afortunadamente ya sabíamos eso gracias a Internet, por lo que anduvimos arrastrando un traje y un vestido por toda Irlanda. Un problema fue que después de darle la vuelta a Irlanda el traje estaba completamente arrugado, a pesar de que usamos el sistema de empaquetamiento mágico que nos regaló Eduardo. Pero no hubo problema por que el servicio de tintorería del hotel se encargó de plancharlo.

Llegando al restaurant nos llevamos un choque cultural ya que carecíamos de experiencia en restaurantes elegantes. Nos preguntaron si queríamos ver la carta de vinos, y a falta de mejor respuesta dijimos que sí. ¡Grave error! La carta de vinos de ese hotel es más gruesa que el directorio telefónico de New Haven. Notando nuestra confusión, el "sommelier" (mesero de vinos) preguntó si necesitábamos ayuda. Fabiola había notado que en general los vinos blancos italianos no estaban tan caros como los otros, así que le pidió sugerencias de vinos italianos. Aceptamos la recomendación ya que no sabemos nada de vinos.

De cenar pedimos unos platillos con nombres y descripciones muy sofisticadas, aunque básicamente eran algo así como pollo, ensalada, etc. Curiosamente, cuando los llevaron a la mesa llegaron dos meseros simultáneamente y destaparon los platos con perfecta sincronía. Y no se puede negar que la comida estuvo muy buena (y una vez más no discutiremos el precio).

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Después de cenar fuimos al bar del hotel, que está en el sótano y se llama "the Dungeon" (el calabozo). Había unos músicos/comediantes, y cuando les dijimos que éramos de México, les pareció muy exótico y preguntaron si hacía suficiente frío para nuestro gusto (este no fue el único lugar donde nos vieron como visitantes exóticos).

22 de marzo

A la mañana siguiente, salimos a explorar los alrededores del castillo. Tienen un campo de golf, grandes jardines, y además está a la orilla del lago.

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Lo triste es que nos tuvimos que ir, porque este era el último día de nuestro viaje y teníamos que alcanzar el avión, que salía en la tarde. Emprendimos el camino hacia el aeropuerto, con lo cual cerraríamos el tour alrededor de Irlanda. En el camino paramos en Galway, una ciudad que nos han dicho es muy bonita, pero no tuvimos mucho tiempo. Alcanzamos a agarrar algo para almorzar y caminamos un rato por los puentes y calles peatonales; (y hasta donde pudimos ver, sí es un lugar bonito).

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Llegamos al aeropuerto mas o menos a tiempo y devolvimos el coche. Iván se quedó con las llaves accidentalmente pero logró devolverlas en el último minuto. El gran total, según el odómetro del coche, fueron 1303 millas, o 2097 km.

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Había una cola fenomenal en el aeropuerto, así que apenas alcanzamos a pasar a tiempo. Luego tuvimos que pasar por la migración de Estados Unidos (al parecerle prestan agentes a los irlandeses para reducir la carga en el aeropuerto de Nueva York. Llegamos corriendo al avión, y para nuestra gran frustración, encontramos que el suéter que Iván traía en la mano (y que habíamos comprado dos días antes) había desaparecido misteriosamente. Regresamos corriendo y Fabiola persuadió a los agentes migratorios de que la dejaran salir a buscar (se supone que una vez que uno pasa la migra y no puede regresar), y no aparecía. Cuando nos habíamos dado por vencidos, uno de los agentes que estaba por ahí preguntó qué buscabamos, y resultó que lo había recogido porque a Iván se le había caído durante los trámites migratorios. Apenas logramos entrar al avión antes de que cerraran la puerta (si Iván hubiera traído el sombrero de Indiana Jones puesto, seguro hubiera caído afuera mientras saltábamos para entrar al avión).

Después del largo vuelo de regreso, llegamos al viejo y conocido JFK, donde por lo menos no tuvimos que pasar migración. El único contratiempo fue que, al agarrar el coche, Iván empezó a manejar del lado izquierdo.